La repostería china es uno de los aspectos menos conocidos de esta rica gastronomía fuera de Asia. A diferencia de la pastelería occidental, que prioriza la mantequilla y el azúcar, los dulces chinos juegan con ingredientes como pasta de judías rojas, sésamo, arroz glutinoso y flores de osmanto.
Los pastelitos de luna (月饼, Yuèbǐng)
Sin duda el dulce chino más famoso del mundo. Estos pasteles redondos se elaboran para el Festival del Medio Otoño (Zhōngqiū Jié) y están rellenos tradicionalmente de pasta de loto o judías rojas, con yema de huevo salada que simula la luna llena.
Su origen se remonta a la dinastía Tang (siglo VII), aunque la leyenda cuenta que durante la rebelión contra los mongoles en el siglo XIV, los mensajes secretos de la resistencia se escondían dentro de estos pasteles.

Tang Yuan (汤圆) - Bolitas de arroz dulces
Estas pequeñas esferas de harina de arroz glutinoso se rellenan de pasta de sésamo negro, maní o judías rojas. Se sirven en un caldo de jengibre dulce y son imprescindibles en el Festival de los Faroles y el Solsticio de Invierno.
Nian Gao (年糕) - El pastel del Año Nuevo
Su nombre literalmente significa "año alto" o "año que mejora", un augurio de prosperidad. Esta torta pegajosa de arroz glutinoso y azúcar de caña se puede comer dulce o salada, frita o al vapor.
Egg Tarts (蛋挞, Dàntǎ)
Las famosas tartaletas de huevo son herencia de la influencia portuguesa en Macau. Una base crujiente de hojaldre que abraza una crema de huevo suavísima. Hoy son un símbolo de la cocina cantonesa y del dim sum.
Los dulces de sésamo
El sésamo negro y blanco es el ingrediente estrella de muchos postres chinos. Las Jian Dui (煎堆), bolas de arroz glutinoso cubiertas de sésamo y fritas, crujen por fuera y son suaves por dentro. Son símbolo de prosperidad y alegría.